Cuando la autoestima está herida, es fácil hablarse mal, compararse con los demás y sentir que nunca se llega a lo suficiente. Muchas veces se colocan las necesidades de otras personas por delante, aunque eso duela y desgaste. En terapia se revisan esas creencias sobre ti, aprendiendo a escucharte con calma y respeto hacia ti.